VOLLÚPIA

Prece Silenciosa,Corpo em Fúria

“Tranquilo, todo va a estar bien, nadie tiene por que saber.”

¡Fueron las palabras que aún marcan mi vida!

  — ¡Hola, soy Karina! Bienvenido, toma asiento y ponte cómodo.

Yo estaba nervioso, estaba sudando muchísimo…

“Calma, Kevin, ella está notando tu nerviosismo”, me dije mientras intentaba secar el sudor de mis manos en mi pantalón.

— ¿Quieres que encienda el aire acondicionado? dice ella.

— No, puede estar tranquila, ¡yo estoy bien! Respondí…

— Aquí tienes agua, hace mucho calor. Cuéntame, ¿qué te trajo aquí?

— Bueno, Karina, me llamo Kevin, tengo 26 años de edad, soy farmacéutico y pues… lo que me trae aquí es algo que realmente me avergüenza.

— Tranquilo, Kevin, este es un espacio libre de juzgamientos, yo estoy para acompañarte en este proceso, dijo ella con su voz leve.

Aunque ella parecía calma y su voz me reconfortaba, a la vez, me miraba tan fijamente que me sentía un poco incómodo, pero es normal, ¿no? Iba a hablar con una persona desconocida sobre aquello que sucedió y que aún me hace daño.

— Ok, entonces vamos a hablar de esto que ya tiene 15 años siendo mi peor pesadilla.

Ella afirmó con su cabeza, amarró su cabello, se acomodó en el sillón, y a la par yo respiré profundamente.

Siempre fui buen estudiante y participaba de todas las actividades culturales de mi escuela, lo que me fue convirtiendo en un niño diferenciado. Mis padres intentaron que participara en algunas actividades deportivas (fútbol, basquetbol, natación, karate) pero la verdad nunca me gustó el deporte, todos fueron intentos fallidos. Yo pasaba mucho tiempo en casa viendo televisión con mi mamá y mi hermano mientras mi padre trabajaba, él era el sustento de la casa — como buena familia tradicional.

A medida que pasaban los años, siempre escuchaba a la gente decir: “él es como afeminado”, “yo creo que va a ser gay”, “sin duda es mariquita”. Mientras otros decían: “No me parece, yo creo que él pasa mucho tiempo bajo la influencia de la mamá, es supermimado.” Y la verdad sí, yo era superconsentido.

Mi mamá era ama de casa y mi papá trabajaba, entonces los recursos eran limitados para tener lo necesario y vivir tranquilos. Cuando teníamos unos días libres, mis padres organizaban viajes para la casa de nuestros familiares en el interior del país. Diciembre, carnaval y semana santa eran nuestras fechas fijas para salir de paseo. Unas dos o tres veces al año íbamos a pasar el día a la casa de la playa de uno de los jefes de mi papá. Recuerdo que salíamos supertemprano, y a las 2pm mi papá decía: “Es hora de volver a casa.” Creo que ya todos sabíamos que ese era el horario de volver, así que apenas almorzábamos y, sin hacer la digestión, entrábamos al agua. Era el momento de aprovechar al máximo el tiempo que quedaba.

¡Como olvidar la semana santa del año 2004! Recuerdo aquellos días como que fuesen hoy.

Ese año mis padres decidieron ir para la casa de mi abuela Eleonora. La verdad, era un viaje superlargo, quedaba en el Estado Táchira, pero valía la pena. Salíamos y llegábamos al destino escuchando canciones de la época de ellos, eran siempre las mismas, hasta las cantábamos. Era una fecha de encuentro familiar, así que, al igual que nosotros, otros integrantes de la familia también iban a pasar unos días allá.

Al llegar, mi padre siempre tocaba la bocina del carro, y mi abuela salía con su gran sonrisa a recibirnos. Sin duda llegar allá era una sensación de libertad. Desde el garaje de la casa entre la abundante vegetación, se veía, bien a lo lejos, aquel río caudaloso. Era impresionante como el agua se desplazaba tan rápidamente, y aquel fuerte sonido del agua al chocar con las piedras en armonía con la naturaleza era un verdadero espectáculo. Ese río bajaba de la Cordillera de los Andes, entonces era realmente frío — así como mi vida a partir de aquel día.

Ya era rutina ir todos juntos al río. Entrar al agua se convertía en un verdadero acto de valor, pero después que estaba allí, era literalmente un baño al alma. Como todos los días al volver, la costumbre era llegar y tomar una larga ducha de agua caliente, para aclimatar el cuerpo; entonces entré al baño, tiré mi ropa y entré bajo la regadera.

Creo que para casi todo el mundo, el baño es un espacio de sueños, es ese lugar donde nos convertimos en cantantes, actores, en fin… Ese día yo estaba cantando, no recuerdo exactamente la canción, pero lo que sí recuerdo es que estaba jugando con los frascos de shampoo como que fuesen aviones; hoy pienso que mi sueño frustrado era ser piloto.

Lo cierto es que quedé ahí por algunos minutos, y luego de poco tiempo mi mamá llegó:

— Kevin, ¿tú no piensas salir nunca de ese baño? Exclamó con voz fuerte.

— A lo que respondí: sí, sí, ya casi salgo, mamá.

— Yo estaré allá afuera, cualquier cosa me llamas, dijo ella.

Luego de transcurridos unos minutos, salí y fui directo al cuarto de mi abuela a vestirme, y ahí llegó él.

Yo estaba completamente desnudo, así que cuando entró, me asusté y, automáticamente, agarré mi toalla. A lo que exclamó:

— Tranquilo, yo soy tu tío, no tienes nada que temer.

— Es que, es que…. ¡No me gusta que me vean desnudo! Respondí con voz nerviosa.

Mi mente se detuvo por un momento y pensé: “Pero es verdad, ¿qué puede pasar?” Realmente, siempre lo vi como un tío.

Yo tenía mucho miedo, por mi mente no pasaba nada. Sujeté la toalla con los dientes mientras intentaba colocarme la ropa interior sin que él me viera, pero realmente era muy incómodo y me sentía nervioso. La toalla era demasiado grande y estaba empapada, lo que la hacía pesada y difícil de manejar. Entre la prisa y los nervios, casi pierdo el equilibrio.

De repente, él se acercó y me sostuvo para evitar que me cayera. “Yo también me voy a quitar la ropa para que te sientas en confianza”, dijo con una sonrisa que me incomodó profundamente. En un instante, quedó completamente desnudo frente a mí.

¡Él se me acercó y empezó a acariciar mi espalda!

Sus manos eran ásperas, grandes y estaban calientes, lo recuerdo con claridad. Literalmente era una lija sobre mi piel, y lo que no sabía es que también lo sería para mi corazón. En ese momento, yo sólo pensaba en mi mamá, en que ella llegara a salvarme de ese cruel momento. Pero, por otro lado, sentía que me iba a meter en problemas por estar ahí desnudo con él.

Él me notó nervioso y dijo:

—  Tranquilo, no va a pasar nada malo. Ven, toca aquí, y señaló su parte íntima.

Yo me negué, realmente tenía mucho miedo y él lo sabía.

— Le diré a tu mamá que me estabas viendo cuando estaba tomando baño, expresó con su voz grave.

Sus palabras hicieron que el pánico se apoderara de mí. Mis manos temblaban, pero su amenaza fue suficiente para doblegar mi resistencia. Lentamente, hice lo que me pidió.

Las lágrimas empezaron a caer por mi rostro. Intenté contener los sollozos mientras él llevaba un dedo a sus labios y susurraba:

— Shhhhhh… ¡Alguien nos puede oír! Exclamó.

Yo nunca me había tocado ni mucho menos a otra persona, no sabía lo que hacía. Él tomó mi mano y me obligó a continuar. Sus gemidos contrastaban con mi completo terror. Cada instante era una tortura para mí, mientras él parecía disfrutarlo cada vez más. Yo solo quería que todo terminara, salir de ahí corriendo y abrazar a mi mamá.

Mientras todo ocurría, yo me preguntaba: “¿En qué momento comenzó todo esto?” Es que de verdad todo fue demasiado rápido.

Finalmente, dijo algo que me dejó aún más desconcertado: “¿Quieres estar dentro de mí?”, mientras señalaba su parte posterior. Mis lágrimas continuaron cayendo, pero por dentro, sentí que algo se rompía definitivamente. A lo que respondí de inmediato:

— No, no, con voz temblorosa.

Pero él era un adulto y sabía claramente cómo manipularme.

— ¿Qué diría tu mamá si llega ahora? Me dijo nuevamente con su voz grave.

En ese momento, agarró una bolsa plástica de mercado y me dijo:

— Lo vas a meter, pero solo usando esto.

¡Fueron los minutos más largos de mi vida!

Tic, tac…

Tic, tac…

Tic, tac…

Tic, tac…

Así sonaba el reloj antiguo del cuarto de mi abuela, mientras toda esa pesadilla sucedía.

Mis pensamientos se desbordaban en caos. El miedo me mantenía paralizado, y su control sobre la situación me hacía sentir cada vez más atrapado. El miedo me hizo perder la noción del tiempo.

En ese instante, él suspiró profundamente, y observé cómo algo extraño sucedía con su cuerpo. Lo limpió rápidamente con una toalla y, con una sonrisa en su rostro, dijo:

— ¡Eres un campeón! Anda a tomar un baño y no salgas hasta que tu mamá venga a buscarte. Y recuerda, si dices algo, nadie te va a creer.

Mi corazón latía con fuerza, como si intentara escapar del dolor que lo consumía. A los minutos, escucho a mi mamá hablando con él a las afueras del baño, y yo sólo pensaba que le diría que yo era el culpable.

— ¿Sabes dónde está Kevin? Preguntó ella. 

A lo que él respondió:

— Me parece que aún está en el baño.

— Ella gritó: ¡Kevin, Kevin!

Justo en ese momento, desperté. ¡Me había quedado dormido!

Me desperté llorando, no sabía exactamente qué pasó.

  —  Ella me abrazaba y preguntaba: “¿Qué pasó, hijo mío? ¿Por qué estás así?”

Yo estaba temblando, no sabía si eso que estaba pasando por mi mente realmente había sucedido o era una pesadilla.

Después de unos cuantos minutos, salimos a comer y mi mamá dice: 

— Disculpen, familia, Kevin tuvo una pesadilla y me quedé un rato con él para que se calmara, pero ya está bien. Anda, anda a jugar con tus primos.

Justo pasé por el lado de él, sentí mucho miedo por todo aquello que rondaba por mi mente, pero no sabía si era real, no sabía si debería hablar con mi mamá, tenía miedo de su reacción. Ella era realmente feliz en esos viajes, era el momento para reencontrarse con todos. ¿Y cómo le iba a dañar el viaje con algo que no sabía si era real?

Así que luego de unos días, volvimos a casa. Y aunque para todo el mundo todo estaba bien, esas escenas iban y venían todos los días a mi cabeza. Despertaba cada noche asustado, pensando que él llegaría a mi cuarto y todo se repetiría.

Así pasaron semanas, meses y un par de años. Las cosas estaban difíciles en casa, así que no conseguimos viajar en aquel tiempo. Tiempo donde la pesadilla se mantenía en mi mente, y no conseguía saber qué pasó. Como contraparte, durante ese tiempo, tampoco lo vi más, sólo escuchaba algunas conversaciones que tenía con mi mamá por el teléfono.

Después de un tiempo, llegó lo que más me temía, el momento de volver a aquel lugar. Por primera vez, yo no quería ir para ese viaje. Todos estaban extrañados de mi actitud, y la verdad yo no sabía qué decir. Debido a eso, estaban pensando en desistir del viaje porque no me querían obligar a viajar, pero tampoco tenían con quien dejarme; aún era pequeño para quedarme solo por varios días. Y lo peor de todo es que sabía que no me podía negar, así que solo le pedía a Dios cada día que él no fuese.

Recuerdo aquel martes cuando mi mamá recibió la llamada. Era él confirmando que iría al viaje, y ella, superfeliz, le dijo que no esperaba el momento de verlo nuevamente y darle un abrazo. Para mí, era una situación muy difícil, ¿cómo, después de dos años, yo le iba a decir a mi mamá que ese hombre a quién ella tanto quería y admiraba abusó de mí? Aunque, la verdad, no sabía si realmente sucedió. ¿Y si no fue así?

 En esos días, el insomnio se intensificó en la misma proporción que mis inseguridades. Pero, pasados los días, me convencí y decidí que tenía que luchar contra aquello que seguía en mi cabeza y enfrentar mis miedos.

 Llegado el sábado, teníamos todo listo y, como era de costumbre, salimos bien temprano, por supuesto que escuchando aquellas canciones antiguas, literalmente un déjà vu. Sin embargo, yo lo único que no quería era que se repitiera aquella pesadilla.

Y sí, así como te lo imaginaste, llegamos nuevamente al paraíso. ¿Recuerdas que mi padre siempre tocaba la bocina del carro al llegar, y mi abuela salía con su gran sonrisa a recibirnos? Pues fue exactamente así. Fue la misma sensación de libertad, el río a lo lejos bien caudaloso, una escena que aún llevo guardada en mi corazón.

En ese momento, me quedé observando el río, su fuerza, su majestuosidad, fue un momento de reflexión. Era tan difícil equilibrar mis sentimientos, por un lado, la felicidad de volver a aquel lugar donde viví lindos momentos y, por otro, recordar aquella pesadilla, los nervios por la llegada de él. Tenía miedo de escucharlo, de verle a los ojos, de estar en el mismo lugar que él.

En ese momento, llegó mi abuela:

— Mi niño lindo, mi muchacho ya se está volviendo hombre.

Ella era esa persona que, independientemente de todo el sufrimiento del pasado, siempre tenía una sonrisa y aquel brillo en los ojos que iluminaba mi día.

¿Y por qué yo no podía continuar igual que ella?

— Bendición, abuela, aquí estamos unos días para compartir contigo como en los viejos tiempos. Y ya sabes, si sale una araña, me avisas, porque zassss… ¡yo la mato rapidito!

— Gracias, mi niño tan valiente, dijo sonriente.

         ¿Será que realmente soy valiente? Pensé.

         La verdad yo creo que sí, aquí estoy pensando en enfrentar mi peor pesadilla.

Después de eso, fuimos a comer y descansar un poco de aquel largo viaje. Justo estábamos en un momento de risas, recordando aquella vez que mi hermana comió lengua de vaca sin saberlo y, cuando mi abuela le dijo lo qué era, empezó a vomitar, jajaja… reímos todos.

Justo en ese momento, escucho su voz: “Buenas noches, familia”, él había llegado.

         Yo quedé sin reacción y, para mí, el tiempo se detuvo hasta que escuché:

— ¿Y mi sobrino querido no se va a levantar a darme un abrazo?

         Yo ni respondí.

Él llegó cerca de mí y me dijo: “¿Cómo que no me escuchaste?”

Mi mamá automáticamente:

— Kevin, saluda a tu tío, no seas maleducado.

  Y lo hice.

¡Él me abrazó y me dió un beso en la mejilla! En ese justo instante, vinieron a mi mente aquellas manos ásperas tocando mi piel.

Yo solo quería gritar muy fuerte, pero mi reacción fue salir corriendo. Solo escuchaba a mi mamá mientras gritaba mi nombre.

— Déjalo quieto, teníamos mucho tiempo sin vernos, expresó él.

Ya era bastante tarde, así que todos fuimos a dormir.

Al otro día, nos despertamos, desayunamos y fuimos al río. Fue un día lindísimo, el sol estaba en su máximo esplendor. Jugué mucho con mi hermano y mi papá. Recuerdo que pasó un heladero y mi mamá nos compró un helado a cada uno. Fue un día bien divertido, fue ese momento donde me olvidé de todo; pero llegó la hora de volver a casa.

Al llegar, mi mamá le dió un baño a mi hermano y, cuando finaliza, me dice:

— ¿Y tú qué esperas para ir a bañarte?

No voy a negar que sentí un poco de miedo, pero como no lo vi cuando llegamos, fui tranquilo.

         Llegué al cuarto, y estaba aquel reloj:

Tic, tac…

Tic, tac…

Tic, tac…

         ¡Yo estaba intentando no pensar en eso! Me quité la ropa, me cubrí con la toalla y fui directo al baño. Cuando abrí la puerta, estaba él, completamente desnudo, recién saliendo de la ducha. Yo quedé paralizado.

— Hola, Kevin. ¿Vas a tomar un baño con el tío?

No pude reaccionar; mi cuerpo estaba inmóvil. Solo lo observé, su cuerpo era exactamente como lo recordaba.

— No,dije con voz temblorosa, yo espero aquí afuera.

— No, no, te puedes resfriar, dijo él.

Me agarró con fuerza por el brazo y me metió al baño. Mis lágrimas salieron automáticamente.

— Tranquilo, todo va a estar bien, nadie tiene por que saber.

En ese exacto momento, supe que no fue un sueño. Todo lo que había intentado enterrar en mi mente estaba ocurriendo de nuevo. De repente, escuchamos la voz de mi mamá. Él se puso visiblemente nervioso y dijo rápidamente:

— Entra ahora mismo a la regadera y, si dices algo, nadie te va a creer.

Él abrió la regadera, y yo hice justo lo que me dijo. De inmediato mi mamá abrió la puerta y se sorprendió.

— Rafael ¿Qué haces aquí? Preguntó.

A lo que él respondió:

—  Estaba saliendo del baño y Kevin llegó. Le dije que entrara rápido a la regadera porque se iba a resfriar, pero ya yo estoy de salida — respondió él, aunque el nerviosismo en su voz era evidente.

Mi mamá no le respondió nada, y me preguntó:

— Mi amor, ¿todo está bien?

— Sí, mamá, todo está bien.

Ella se quedó conmigo hasta que terminé mi baño. Me vestí rápidamente y luego me uní a todos para comer. No dijo nada, pero su silencio me hizo pensar que, a partir de ese momento, algo había cambiado. Nunca más me dejó solo durante el resto del viaje.

Nunca más se habló de aquel día.

Durante todos estos años, nunca había hablado de ello. Hoy es la primera vez que lo hago, y la verdad, todavía me cuesta. Siempre me quedé con la duda de qué habría pensado mi familia si hubiese contado la verdad. ¿Me habrían creído? ¿Él estaría pagando por lo que hizo o simplemente me habrían tachado de “niño afeminado” que buscaba atención e inventaba historias?

— Karina, no te voy a negar que, en algún momento, llegué a tener pensamientos suicidas, no soportaba recordar sus caricias, sus palabras. También llegué a sentirme confuso en relación a mi sexualidad, pero siempre pensé:

¿Cómo tus mejores días se convierten en tu peor pesadilla?

días van, días vienen

cierras los ojos

agresor en frente,

abres los ojos

sol radiante.

Heteros, gays, trans,

victima sin diferencialrelación sexual

relación casual,

un paso al frente

dos para atrás,

un nuevo comienzo,

un nuevo final.

***

NOTA DEL AUTOR

Esta historia es ficticia, pero está escrita como una invitación a todas las personas que han sufrido abuso sexual en su niñez, ya sea por parte de un familiar, un amigo o un desconocido. Especialmente a aquellos de la comunidad LGTBQIA+, quienes a menudo enfrentan desafíos adicionales al lidiar con el trauma. Mi mensaje es claro: denuncien al agresor y busquen ayuda psicológica. Nadie debería cargar con el peso de un abuso en silencio. Existen recursos y apoyo para que puedas sanar, retomar el control de tu vida y continuar con tu camino.

No estás solo/a. Tu voz importa, y tu sanación es posible, tu héroe está dentro de ti. No dejes que el miedo o la vergüenza te detengan. El primer paso es hablar y pedir ayuda.

Oye “Hero” de Mariah Carey y reflexiona sobre los destrozos y reconstrucciones de esta historia.

BIOGRAFÍA DO AUTOR

Nací para desafiar los límites impuestos y para mostrar que la vida tiene más sentido cuando es vivida con autenticidad. Entre silencios y palabras, entre pasos firmes y desvíos inesperados, sigo escribiendo mi historia con propósito y pasión, siempre dispuesto a encontrar la belleza en las imperfecciones y sentido en las pequeñas cosas.

Mi trayectoria es un poema inconcluso, escrito con la tinta del coraje, de las luchas y de los amores que cargo en mi pecho. Cada capítulo en mi vida es una prueba que vivir con autenticidad es la mayor revolución que podemos ofrecer al mundo.

Soy amante de las historias — sean contadas en la televisión, en conversaciones alrededor de una mesa o en los pequeños momentos del día a día. Si me encuentras, probablemente estaré con un jugo de parchita en la mano y un millón de ideas en la cabeza (o intentando decidir entre ver una serie nueva o salir para descubrir el mundo).

Creo que cada palabra tiene el poder de transformar, y cada historia carga la fuerza de abrir nuevos mundos. Espero que, al pasar estas páginas, encuentres la inspiración, coraje y una invitación para ver la vida con nuevos ojos.

“Vivo con intensidad, lucho con propósito y amo sin fronteras.”

Luis Ramos Herrera